Èsta es la historia de un pueblo pequeño y muy, muy lejano dónde existió un Rey a quién le llamaban “El Rey Igel”. El pueblo de Brütin, cómo ya les conté, era un pueblo pequeño. Su gente era afable y tranquila, y rara vez pasaban grandes cosas con excepción de aquel día.

Era una tarde tranquila y calurosa, otra de las cosas que caracterizaba al pequeño pueblo, el gran calor que hacía. Como todas las tardes los habitantes del pueblo transitaban por las calles realizando sus labores diarias, lejos de imaginar lo que se avecinaba. Aquella tarde un niño que jugaba en las afueras del pueblo con su perrito, alcanzó a ver a lo lejos una carroza con cuatro caballos negros, era tanto el brillo del oro que la cubría que molestaba a los ojos del niño. El perro empezó a ladrar desesperadamente cuál mudo que no puede emitir palabras, cualquiera diría que el Perro presentía que algo malo estaba por suceder. Al ver al perro asustado, el niño protantemente corrió al centro del pueblo. Mientras pasaba corriendo por la calle central, el niño gritaba a todo pulmón: ¡Llegaron cuatro negros, llegaron cuatro negros! Refiriéndose a los cuatro caballos negros que arrastraban la carrroza.

Todos los habitantes de Brütin pararon de hacer sua tareas y se fueron aglomerando en el mercado del pueblo preguntándose que pasaba y a qué se refería el niño. De pronto sintieron las fuertes pisadas de los caballos y cuando pudieron voltear sus cabezas para lograr ver de donde venía el fuerte sonido vieron lo mismo que había visto el niño.

Los caballos frenaron de golpe, la carroza paró justo frente a la multitud. En seguida se abrieron las puertas y unos zapatos dorados salieron primero, cuando salió el cuerpo entero los habitantes quedaron perplejos, es que no lo podían creer. Era la Srta. Froga, la hija del herrero, quién una vez se había ido del pueblo jurando nunca más volver. Pero la Srta. Froga no venía sola, inmediatamente se bajó de aquella hermosa carroza forrada en oro un hombre alto, muy alto, blanco como papel. De pelo negro, tan negro como la tinta. La Srta Froga procedió a presentarse y a presentar a aquel hombre.

– ¿Se acuerdan de mi, infelices? Soy yo, si esa misma. La pobre Froga, la que siempre estaba sucia y solo vestía harapos. Sé que es difícil que me reconozcan porque ya no soy esa. Ahora soy una gran mujer.

Mientras tanto todos seguian perplejos sin poderlo creer. Ella continuaba:

-Éste es mi esposo, Su señor, su Rey de hoy en adelante. Conozcanlo, hagan reverencias a su Rey Igle.

Parecía como si al hablar les hiciera algún tipo de hechizo, pues todos se inclinaron y saludaron al Rey Igle. Inlcuso algunos aplaudieron y vociferaron cosas como: ¡Viva el nuevo Rey!

Prontamente se volvieron a montar en la carroza y se dirigieron dónde la única autoridad del pueblo: El Alcalde. Pusieron dos bolsas con monedas de oro encima de su escritorio y éste sin protestar recogió sus cosas y se marchó.

El pueblo empezó a cambiar, la presencia de Froga y el Rey trasnformaron a Brütin. Pasaron de ser un pueblo dónde no pasaba nada a ser el pueblecito con más acontecer de toda la zona.

El gobierno del Rey Igle tenía pocas reglas, todo lo que se había de hacer era estar de su lado y apoyar las decisiones suyas y de su mujer, la ahora Reyna Froga. Una de sus decisiones fué que todo lo que representara valor para los habitantes debía ser presentado ante el Rey y el decidía con cuales cosas se quedaba y cuales devolvía. Durante todo un día las personas de Brütin tuvieron que hacer una fila para mostrar sus pertenencias: Títulos de propiedad, monedas, pinturas, gallinas, vacas etc… El Rey por su parte les decía que esto no era solo para su beneficio, que esto sería algo que iba hacer crecer el pueblo y que pronto todos serían ricos.

Y así pasaban los dias en Brütin, el Rey y la Reyna esperando cada tarde las ganacias de la cosecha de los campesinos, las monedas con las que llegaban los herreros de lo que habían trabajado en otros pueblos, la carne de los cazadores y muchas cosas más. Pero el pueblo no se quejaba, trabajan incansablemente para su Rey. Por supuesto hubo uno que otro habitante que se quejó y hasta se negó a  regalar su sudor, pero las consecuencias no se hicieron esperar. Quienes tuvieron el valor de negarse a estar del lado del Rey,desaparecieron misteriosamente del pueblo. Y aún sucediendo estas cosas no faltó quién defendiera al Rey diciendo que era lo mejor que había pasado en Brütin en años.

La flamante Reyna Froga no se quedaba atrás, se paseaba por el pueblo todo el día insultando y maltrando a sus súbditos.

Brütin se convirtió en un pueblo callado. Seguían siendo tranquilos, excepto por las noches. El Rey Igel les construyó un bar dónde se regalaba el vino y les dijo que esa era su recompensa por su lealtad. Casi todas sino todas las personas del pueblo se daban cita cada noche a embriagrarse y a jugar juegos de azar.

Estaban en un letardo, no les importaba lo que hiciera el Rey siempre y cuando no se acabara el vino. Con esto vino la prostitución y las enfermedades. Los hombres estaban muy borrachos para trabajar y las mujeres muy enfermas para cuidar de los hijos. Brütin fue desvaneciendo hasta no quedar nada. Los únicos que estaban a salvo eran la Reina Froga y el Rey Igle.

El niño y el perro por su parte siguieron jugando en las afueras del pueblo, siempre con la esperanza de ver llwgar otra carroza pero que ésta vez fuera arrastrada por caballos blancos.

Fin.

Los personajes y nombres en este cuento son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

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