Eran a penas las 9:00 A. M. y Miranda y Zoe estaban tiradas en el mueble de la Madre de Miranda, en pleno martes. Ambas llevaban puesto el uniforme del colegio. Ese martes las dos llegaron tarde a la entrada del Cole y el portero ya no las dejó pasar. Así que decidieron irse a la casa de Miranda a pasar el rato hasta que llegara la hora de salida del Cole y pudiesen volver a la entrada para hacer ver a sus padres que acababan de salir de clases.

Por supuesto debían esperar que la Madre de Miranda se fuera a su trabajo. Y así lo hicieron. Esperaron unos minutos escondidas en la esquina de la calle hasta que vieron salir el auto de Valeria, la madre de Miranda. Se pasaron toda la mañana escuchando música y comiendo helado y poniéndole nombres graciosos a sus profesoras no tan preferidas. Conversaron de todo un poco. En un momento les dio hambre de algo más que de helado, y Zoe, quien era la que siempre tenía hambre sin importar hora ni lugar, fue quien primero expresó su deseo de comer algo un poco más salado.

Zoe: -Oye Miranda, ya deberíamos prepararnos, aunque sea unos sandwichitos, ¿no?

Miranda: Umm pues sí. Pero tengo una mejor idea…

Zoe: Ay por favor no me digas que quieres comer tuna, porque te juro que si como, aunque sea un poquitico más de tuna, voy a vomitar.

Miranda: -Ja Ja Ja… ¡Que exagerada eres Zoe! Además, es lo único que hay en casa. A menos que quieras salir a la bodega y que te vean y luego le digan a Mami que estuvimos aquí todo el día y que nunca entramos al cole.

Zoe: -OK, bien. Comamos tuna pues.

Al terminar de comer, durmieron y luego tal y como lo habían planeado, faltando algunos minutos para la hora de salida del cole, ambas se arreglaron y salieron frescas para llegar justo al tiempo que tocaran el timbre. Y así fue.

En la tarde Miranda y Zoe quedaron de juntarse con unas compañeras para poder copiar las clases que se perdieron ese día. Al llegar a la casa de una de sus compañeras lo primero que Miranda notó es que había una Gata. Miranda era fanática de los gatos, eran sus animales favoritos. Tenía una conexión especial con ellos. Mientras que Zoe era una chica más  de perros, no odiaba los gatos pero digamos que no eran su fans. Nuni, que así era como se llamaba la gatica que vivía en la casa de la compañera de Zoe y Miranda, al instante hizo clic con Miranda. Se subió en sus piernas para que ésta la acariciara. En vez de copiar las clases Miranda pasó toda la tarde jugando con Nuni.  Zoe las observaba detenidamente, como deleitándose por aquella extraña conexión de la que su mejor amiga era capaz de tener con lo que, aparentemente, era un simple animal.

Pasado algunos días, por alguna extraña razón Zoe no podía dejar de pensar en ese momento de amor que su amiga había tenido con una Gata. Comenzó a pensar mucho en aquello, lo que también le llevo a pensar que no era normal que Miranda, solo le gustara comer Tuna… Ensalada de tuna, sándwiches de Tuna, Arroz con tuna, cualquier cosa rellena de tuna. Claro comía otras cosas, pero eran cosas muy mínimas y casi siempre terminaban teniendo algo de tuna. También recordó que, hacia cosas muy extrañas, bueno es que Miranda de por si era una chica muy extraña, y es precisamente por eso que eran tan buenas amigas. Pero Miranda, hacia cosas de gatos, si de Gatos. A parte de su extraña conexión con ellos y de que solo le gustaba comer tuna, la comida favorita de estos animales, se la pasaba durmiendo, otra cosa propia de los gatos. Zoe recordó cómo una vez que se quedaron dormidas en el suelo de su casa, Miranda se le enredaba entre las piernas y se pasaba las manos por la cara justo como hacen los gatos. Los días lluviosos eran sus favoritos, aunque se ponía muy inquieta cuando llovía, todo lo que quería era jugar como si fuera una niñata, bueno más bien como si fuera una Gatita. Le encantaba la noche, tal cual si fuera un gato se identificaba con la oscuridad, es como si sus ojos pudieran ver mejor cuando estaba oscuro.

Zoe sacudió la cabeza y sonrió para sí misma, pensó que se estaba poniendo loca o que sus hormonas estaban un poco descontroladas: -Miranda siendo un Gato, ja ja ja ja… creo que tengo que dejar de ver tantas películas de ficción. – Se dijo para sus adentros.

La noche siguiente, era viernes. Las chicas se preparaban para salir a la disco del pueblo. Ellas aun no tenían edad de ir a la disco, pero corrían con la suerte de vivir en un pueblo pequeño donde conocían al portero y no les pedían identificación.

Zoe Y Miranda no se habían graduado de ninguna afamada academia de baile, pero cuanto disfrutaban bailar y lo bien que lo hacían. Cuando bailaban era como si el mundo se detenía solo para ellas. No les importaba si bailaban solas, o si los demás las veían. En ese momento solo existían ellas y la música. Esa noche fue casi perfecta. Se habían puesto sus jeans favoritos y sus zapatos favoritos. Zoe llevaba su pelo rizo como tanto le gustaba y Miranda se lo había laceado, lo que la hacía lucir más hermosa. Tal y como esperaban la pasaron genial y bailaron hasta el punto de quitarse los zapatos. Pero, ya casi al finalizar la noche, ya llegada la hora de irse hubo un apagón en el pueblo, por ende, todas las luces de la disco, así como la música se apagaron. Era algo normal, pero aquella noche todo estaba más oscuro que nunca y como ya era muy tarde quedaban pocas personas en la disco, así que contrario a lo que siempre pasaba, hubo un gran silencio. Miranda grito el nombre de Zoe, ésta respondió, pero no podían verse. En medio de toda la oscuridad, de repente, Zoe observo dos pequeñas luces amarillas que se acercaban a ella, esas luces la hicieron sentir un poco inquieta, porque se movían y parecían dos pequeños focos o más bien como si alguien se le hubiesen encendido los ojos. Los dos pequeños focos se acercaban cada vez más a ella hasta el punto de asustarla, pero justo en ese momento escuchó la voz de Miranda. Se encendieron las luces y Miranda le dijo que salieran. Mientras caminaban Zoe iba muy callada y Miranda le pregunto qué pasaba, a lo que Zoe solo respondió:

 -Tus Ojos-

Miranda hizo una mueca como de disimulo.

 – ¿Qué con mis ojos?

– Son amarillos, o al menos así se pusieron cuando se apagó todo.

Miranda estallo de risa, y le dijo que si estaba poniendo loca.

Se fueron a dormir cada una a su casa y al día siguiente Zoe seguía pensando en ese momento en la disco. Ese momento tan raro la había hecho pensar más en lo mucho que Miranda se parecía a los gatos. Decidió sentarse un rato en su computadora y entrar a las redes de Miranda, y viendo fotos se dio cuenta que todas las fotos que se tomaron por la noche o en lugares un poco oscuros, Miranda tenía los ojos amarillentos, no tan brillantes como la noche de la disco, pero definitivamente no de su color normal que era Miel. Sonaba como algo totalmente ridículo y hasta gracioso. Pero lo cierto es que Zoe no dejaba de pensar en lo mismo.

El Domingo Zoe se fue a dormir a la casa de Miranda, se supone que tenían que estudiar para una exposición que tenían el lunes, pero es claro que es lo que menos harían. Ya acostadas y Miranda dormida, Zoe miraba al techo y seguía pensando en lo mismo. Entonces se empezaron a escuchar sonidos extraños de esos que hacen los gatos cuando están por aparearse y que Zoe odiaba tanto, era precisamente una de las razones por las que no era muy fanática de los gatos. Miranda se despertó porque sabía que a Zoe le asustaban esos ruidos y que la ponían nerviosa. Se levantó y se acercó a Zoe. Le dijo que la acompañara al patio trasero de la casa. Zoe aunque asustada lo hizo. Cuando salieron al patio Zoe observo como uno por uno fueron llegando muchos Gatos, era como una convención gatuna. Estaban todos los gatos de la cuadra y cuidado si todos los del barrio. Estaba boquiabierta, los gatos se cruzaban entre las piernas de Miranda como exigiéndole caricias y ella estaba muy tranquila y sus ojos una vez se pusieron amarrillos y brillantes como aquella noche en la disco.

-No te asustes Zoe, no soy un Gato. Ja ja ja ja. Solo me llevo muy bien con ellos. Y bueno, hago algunas cosas de gatos como comer tuna todo el tiempo y ver a través del alma de las personas, pero, aunque quisiera ser uno no lo soy.

– ¿A qué te refieres con ver a través de las almas de la personas, de que rayos hablas Miranda? Mira que ya estoy bien nerviosa con esta escena gatuna de película de misterio.

-Calmate Zoe. Muchos no lo saben, pero una de las cualidades de los Gatos es que pueden ver a través de las personas. Pueden ver sus miedos, sus pensamientos, su dolor, lo que aman o a quien aman y mucho más. Desde niña tengo estas habilidades. No te había dicho porque no sabía cómo reaccionarias, a muchos esto les parecería algo de locos o ridículo.

– ¡Pero claro que es de locos! Pero te creo. Al ver esto y como todos estos gatos te responden no me cabe la menor duda de que lo dices es cierto. Y de hecho me siento aliviada porque esto aclara mis dudas, ya creía que me estaba poniendo loca.

Continuaron la conversación dentro de la casa, se abrazaron y Zoe le hizo jurar que con ella no usaría el truco de ver más allá de su alma, pues pensaba que no era justo que Miranda pudiera hacerlo y ella no y más aún porque eran las mejores amigas, pero no se pertenecían. Ambas eran fieles creyentes de que su amistad era lo mejor que le había pasado a cada una, pero de que también eran individuos que no debían depender la una de la otra para pensar o hacer algo.

Pasaron toda la noche hablando de aquello y haciendo bromas. Miranda le contó a Zoe todas las veces que la vio llorar y la abrazo sin decir palabra alguna porque ya sabía lo que le sucedía, o todas las veces que la veía temblar las rodillas cuando algo le preocupaba y le preparaba chocolate fundido para calmarla, porque le gustaba mucho.

Miranda prometió no ocultar nada nunca más y Zoe prometió qué aprendería a querer más a los gatos, porque si su mejor amiga de todo el mundo casi estaba convertida en uno, era porque esos animalitos poseían buenas almas.

Miranda y Zoe crecieron y se mudaron en lugares diferentes. Miranda sigue teniendo el mismo amor por la tuna y Zoe por el chocolate fundido. Ambas, viven ahora en mundos diferentes, pero siguen siendo las mismas chiquillas que se volaban las clases y que paraban el tiempo al bailar. Aún no han conquistado el mundo, pero es cuestión de tiempo para que lo hagan.

Continuará…

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